Somos música, somos kosmos. Por Dr. Gustavo Schlegel

Pitágoras descubrió la armonía del universo escuchando el martillar compacto de un herrero, a través de ese movimiento uniforme y armonioso sintió el sonido del universo.

El cosmos canta, estamos rodeados y unidos por el sonido, pero no es solo eso, ese canto y ese sonido es de una sinfonía cuyo origen aún no se sabe en qué lugar está.

Los elementos encontrados en los meteoritos venidos de las estrellas más lejanas son los mismos de nuestro planeta: nitrógeno, oxígeno, carbono, metales, y están en la misma proporción en las que se encuentran en la tierra, y estos son también los mismos componentes de nuestro cuerpo.

Entonces, siguiendo a Rolando Toro nos preguntamos que hay en una estrella sino nosotros mismos, son los mismos elementos de nuestro cuerpo y también del planeta, y que fueron sacados de lo más profundo de las estrellas: Hijos de las estrellas, y podremos decir también, futuros abuelos de ellas.

Esa música que encontró Pitágoras en las grandes esferas no es audible por estar muy lejos, y también por demasiado cerca, porque quizás la estamos oyendo constantemente sin el necesario contraste del silencio para percibirla.

Estamos inmersos en el pentacordio armonioso de los planetas, esa música, que es la madre de todas las músicas al principio era una sola nota, como un canto lejano en la noche. Como esos pájaros que cantan esperando la respuesta de otro, y éste se escucha allá a lo lejos, y más adelante otro más. Y es un canto que dice aquí estoy, y otro canto que dice allí voy.

Podemos decir entonces según Biodanza que al principio fue el canto, y que el canto se hizo danza, y todas las cosas cantan y danzan un mismo sonido universal, que puede escucharse y danzarse desde el Inconciente Numinoso.

En el principio Alguien cantó una primera nota, esa primera nota fue Aum (más conocida como Om en el hinduismo) y que fuera nominada como praṇava mantra, pranava significa vibración y la palabra compuesta “canto de rumor vibrante”.

Pero cantar solo resulta aburrido, entonces esa primera nota necesitó de otras, para que el canto no fuera monocorde, para que se generara una primera armonía, para que hubiera danza. Y de esa primera nota surgieron otras y comenzó el movimiento, comenzó la danza que sigue hasta hoy. Y todo lo conocido y por conocer se hizo cantando y danzando.

Al principio no había sol, ni luna, ni animales, ni plantas, ni gente, solo sonido, solo vibración. Un primer canto aburrido, como un canto en la noche esperando el amanecer, esperando la luz. De esas sombras surge el más tenue rayo de luz, y luego la expansión del universo, y así el coro de la vida se alzó y brotó en éxtasis, y danzó.

Así empezó seguramente la danza celeste, la que reproducimos cada semana en Biodanza, esa especie de danza dialéctica con un yang llamando, con un ying respondiendo, y haciéndose cada vez más yang-ying y cada vez más ying-yang.

Inmóvil, palabra encontrada en el diccionario pero no en el universo, porque todas las cosas están con sonido y en movimiento, canto y danza, la danza de la vida.

Para Pitágoras todo el universo es una armonía musical, todo es número y armonía, en un pentagrama musical como en el movimiento de los astros. Número y armonía es igual a ondas, ondas con melodía, la mismas ondas del mar y de los átomos. Vibraciones que producen el color de una flor, que producen el olor de esa flor, y ese es su canto y su danza, la vibración de sus átomos.

Nuestra misma vibración al danzar. Somos música, porque nuestras ondas vibran al ritmo del universo. Tratamos de reproducir los himnos que las esferas cantan en el cielo, con nuestros instrumentos musicales y laúdes, nuestras gargantas y nuestro cuerpo, como un viaje hacia ese sonido original, como un retorno al origen.

Todo en movimiento en esa danza cósmica, ¿hacia dónde van las galaxias con sus soles, estrellas, planetas y lunas?, ¿hacia donde vuelan las aves en su vuelo solidario en V? ¿Hacia una ronda de mecimiento del cosmos mismo? ¿Hacia el final del espacio-tiempo o hacia el reino de Kairos? Todas las cosas se mueven en danza de un reino hacia el otro, Kronos está destinado a volver a Kairos, lo quiera éste o no.

Pitágoras fue el primero en llamarle Kosmos al universo, Kosmos significa orden, armonía y belleza, y el hombre debería ser un Kosmos en miniatura, a mitad de camino del cosmos y el microcosmos, con la danza de los núcleos de sus átomos que proceden de la danza de los núcleos de las estrellas.

Para Pitágoras la música de las esferas era inaudible, sin embargo para los griegos las distancias desiguales de los planetas alrededor del sol producían juntas al moverse una armonía musical, la misma que se producía con las distancias desiguales de las cuerdas de una lira al moverse juntas. Las estrellas de la galaxia tomadas de la mano en una ronda de iniciación del universo, y Pitágoras oyó esa música.

Willie Ruff y John Rodgers en la Universidad de Yale en el siglo XX reprodujeron las órbitas de los planetas en un sintetizador atendiendo exactamente a las indicaciones de Kepler, quien había encontrado un “motete de seis tiempos” en el movimiento de los planetas, tras su muerte se descubren tres planetas más: Urano, Neptuno y Plutón. En sus investigaciones Ruff y Rodgers encuentran que estos tres planetas pueden también hacerse audibles a través de ritmos, por lo que los seis planetas visibles forman un motete de seis tiempos, mientras que los exteriores realizan un ritmo, por lo que estamos en presencia de un cosmos armonioso que canta y danza.

La danza de ida y vuelta de las aves migratorias volando para amarse, la de los ritmos de la luna y las mareas, el eco de las ballenas y delfines y el del latir del corazón. El ritmo de los corazones palpitando ante la presencia del otro, el movimiento de los astros; el canto y la danza que oyó y sintió Pitágoras.

Es la danza de la vida, la unidad en la aparente multiplicidad: la reproducción de la música de las esferas. Somos notas de esa música, música que danzan desde los átomos hasta los astros más lejanos.

Cada átomo cantando su canto, a través de ondas, todo es ondas en el universo y vibración, las vibraciones producen el movimiento y el ritmo. Somos la estrella que se ve a si misma y danza con su belleza, la conciencia saliendo del inconsciente, en nosotros el cosmos entero ama y sueña en nuestra danza.

Publicado originalmente en Revista Argentina de Biodanza, nº5, 2015